En medio de un día maravilloso de verano, te invitamos a detenerte y descubrir una verdad asombrosa: la inmensa grandeza de Dios no lo aleja de tu realidad, sino que garantiza su cuidado sobre los detalles más pequeños de tu vida.
Vivimos tiempos acelerados donde a veces es difícil detenerse a contemplar. Sin embargo, en días hermosos como hoy, la creación misma nos invita a mirar hacia arriba. Al leer el Salmo 138 en la Nueva Traducción Viviente (NTV), nos encontramos con el rey David, un hombre que conocía tanto el palacio como el campo de batalla, y que entendía profundamente la dinámica entre el ser humano y su Creador.
Hoy quiero invitarte a desglosar este Salmo fijando nuestra atención en dos corrientes que se cruzan: la actitud decidida del salmista (lo que nosotros hacemos) y la respuesta inmutable de Dios (lo que Él hace).
1. Una Decisión Intencional: Alabar contra la Corriente
David comienza el Salmo con una determinación que conmueve: “Señor, quiero alabarte de todo corazón… delante de los dioses”. Esta no es una alabanza circunstancial que depende de si el día es bueno o malo; es una postura de vida.
Cuando David menciona cantar “delante de los dioses”, nos está dando una clave para nuestra vida moderna. Quizás hoy no nos inclinamos ante estatuas de piedra, pero vivimos rodeados de los “dioses” de esta era: el materialismo, la autosuficiencia, el miedo al futuro o la búsqueda de aprobación. Ante todo eso, el salmista decide que su atención y su canto son exclusivamente para Jehová.
Fíjate en la progresión de su experiencia con Dios:
- El Clamor: Hubo un momento de necesidad donde David llamó.
- La Respuesta: Dios no guardó silencio; Él respondió.
- El Resultado Interno: “Me infundiste ánimo. Me renovaste mis fuerzas”.
A veces buscamos que Dios cambie nuestras circunstancias externas, pero este pasaje nos enseña que, a menudo, el primer milagro ocurre dentro de nosotros: Él renueva nuestras fuerzas y nos infunde ánimo para enfrentar lo que venga.
“Aunque pase yo por grandes angustias, tú me darás vida. Contra el furor de mis enemigos extenderás tu mano. Tu mano derecha me pondrá a salvo.”
2. La Paradoja de la Grandeza: El Dios de lo Macro y lo Micro
Al leer el versículo 6, especialmente comparando versiones, nos encontramos con una joya teológica: “El Señor es excelso, pero toma en cuenta a los humildes… El Señor es alto, pero se fija y toma en cuenta lo bajo”.
Aquí es donde nuestra mente humana suele fallar. Tendemos a pensar que si alguien es muy importante o “grande”, no tiene tiempo para pequeñeces. Pero Dios rompe ese esquema. No existe algo más grande que nuestro Dios, pero tampoco existe algo tan bajo o insignificante que Él no pueda ver con claridad.
Podemos ver esta verdad reflejada en la naturaleza que nos rodea en este día de verano:
- La Visión Macro: Dios conoce y sostiene la creación inmensa del universo. Las galaxias, las órbitas planetarias y la vastedad del espacio que el hombre apenas intenta comprender, están bajo su dominio.
- La Visión Micro: Al mismo tiempo, Él es el Señor de lo minúsculo. En el mundo de las células primas, en la estructura atómica invisible al ojo humano, Él es su inventor y sustentador.
Si Dios cuida el movimiento de una estrella gigante y el funcionamiento de una célula microscópica, ¿cuánto más no se interesará en tu vida? A diferencia de la soberbia humana, que Dios mira de lejos, Él se siente atraído por la humildad. No hay situación en tu vida, por pequeña o doméstica que parezca, que no le interese al Señor.
3. La Garantía del Futuro: Una Obra en Proceso
Finalmente, el Salmo cierra con una declaración de confianza absoluta: “El Señor cumplirá en mí su propósito”.
Esta frase es un ancla para el alma. Significa que tu vida no es una serie de eventos aleatorios ni casualidades desordenadas. Hay un diseño, hay una intención y, lo más importante, hay un Ejecutor. David no dice “yo cumpliré mi propósito con esfuerzo”, sino que descansa en que Dios es quien lo cumplirá.
- Su Amor es la base: “Tu gran amor, Señor, perdura para siempre”. No es un contrato temporal; es un pacto eterno.
- Su Compromiso es la garantía: “No abandones la obra de tus manos”. Tú eres la obra de sus manos. Un artista no abandona su obra maestra a medio terminar; Dios tampoco te dejará a mitad de camino.
Al igual que David, acerquémonos al Señor confiadamente hoy. No caigamos en la trampa de pensar que nuestro mundo, nuestros problemas familiares o nuestros desafíos laborales son demasiado triviales para Él. Si le importan los gorriones y las estrellas, le importas tú.
Conclusión
Amada iglesia, que en este día la certeza del Salmo 138 te acompañe. Tienes un Dios que es inmensamente alto, pero que ha decidido agacharse para escuchar tu corazón, sanar tus angustias y caminar contigo hasta que su propósito esté completo en ti.
Te invito a hacer una pausa ahora mismo y orar: “Señor, gracias porque aunque eres el dueño del universo, hoy tienes tiempo para mí. Cumple tu propósito en mi vida.”
Dios te bendiga rica y abundantemente hoy.
(Basado en Salmo 138, NTV)

Leave a Comment