¿Alguna vez has sentido que, a pesar de seguir a Jesús, sigues cayendo en las mismas luchas? Descubre cómo pasar de la culpa a la libertad en Cristo. ¡Sé Libre!
La Lucha que Todos Compartimos
Muchas veces creemos que al entregar nuestra vida a Cristo, el pecado desaparecerá mágicamente. Sin embargo, la realidad es que todos —desde el nuevo creyente hasta el más experimentado— enfrentamos batallas espirituales.
Incluso el apóstol Pablo confesó su propia lucha en Romanos 7:19: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”. Si Pablo luchaba, ¿cuánto más nosotros? Pero estas batallas no significan que seas un “mal cristiano”. Significan que estás en un proceso de santificación. Dios no quiere que vivas en una montaña rusa de culpa, sino en libertad.
¿Cómo podemos entonces hacer frente al pecado y vivir victoriosos?
1. Recuerda Tu Identidad: ¡Eres Inocente!
El primer paso para vencer no es esforzarse más, sino recordar quién eres. Romanos 8:1 declara: “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”.
- Un Veredicto Legal: La “no condenación” significa que Dios ya no tiene nada en tu contra. No es que Dios ignore tu pecado, es que ya lo juzgó en la cruz. Eres libre y totalmente inocente ante Sus ojos.
- No luches para ser aceptado: Si no entiendes tu identidad, lucharás para “ganarte” el perdón. Pero el evangelio es al revés: luchamos porque ya hemos sido perdonados.
- El peligro de la culpa: El enemigo quiere que creas que eres un fraude. Pero cuando caes, la respuesta no es alejarte, sino correr a los pies de Cristo, sabiendo que Su gracia te espera.
2. Entiende las Dos Leyes en Conflicto
Pablo nos enseña en Romanos 8 que operan dos fuerzas en nosotros:
- La Ley del Pecado y la Muerte: Son nuestros deseos carnales (envidias, ira, impureza, orgullo) que nos arrastran hacia la destrucción.
- La Ley del Espíritu: Es el Espíritu Santo morando en ti. Esta ley es más poderosa y te conduce a la Vida.
La victoria no es antropocéntrica (basada en tu esfuerzo humano), sino basada en permitir que la Ley del Espíritu gobierne sobre tus deseos. Cuando pones tus ojos en tus propias fuerzas, fracasas. Cuando pones tus ojos en Él, tienes victoria asegurada.
3. ¿Cuál es tu Situación Hoy?
Quizás hoy te sientes agotado de luchar. Tal vez piensas que la paciencia de Dios se acabó o te has dejado dominar por la ley del pecado.
Déjame decirte algo: Dios tiene algo más grande que tu lucha. Él ya pagó el precio por tu libertad. No importa en qué punto te encuentres hoy, la respuesta siempre es la misma:
Vuelve a Él, toma tu cruz y síguelo.
Como dice 1 Juan 1:9, “si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. Hoy es día de salvación y de libertad.
¿Te sientes identificado?
No pelees solo. Acércate a tus líderes o pastores, y recuerda que en Cristo, tu victoria ya fue ganada.


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