Cuando Jesús habló de la sal y la luz en Mateo 5, lo hizo dentro del contexto del Sermón del Monte. Allí estaba enseñando a sus discípulos cómo debía ser la vida de aquellos que pertenecen al Reino de Dios.
En medio de esta enseñanza, Jesús declara algo sorprendente: sus seguidores son la sal de la tierra y la luz del mundo.
Estas dos imágenes eran muy conocidas en la vida cotidiana de las personas de aquella época, pero Jesús las utiliza para revelar una verdad profunda sobre la identidad y la misión de sus discípulos.
La pregunta entonces es clara: ¿qué significa realmente ser sal y luz?
La sal y su propósito
Hoy solemos usar la sal principalmente para dar sabor a la comida. Una comida sin sal suele parecer incompleta, por lo que agregamos sal para mejorar su sabor.
En tiempos bíblicos también se utilizaba con ese propósito, pero tenía además otra función muy importante: preservar los alimentos.
Antes de que existiera la refrigeración, la sal era utilizada para evitar que la comida se descompusiera. Era un elemento que detenía el proceso de corrupción.
Cuando Jesús dice que sus discípulos son la sal de la tierra, está mostrando que el pueblo de Dios tiene una influencia dentro del mundo.
Así como la sal preserva, los creyentes están llamados a influir en la sociedad y a detener la corrupción moral y espiritual que existe en ella.
El peligro de perder la sal
Jesús también advierte algo importante: si la sal pierde su sabor o su capacidad de cumplir su función, deja de ser útil.
En ese caso, ya no sirve para nada.
Esta advertencia apunta a algo profundo: el discípulo de Jesús no está llamado simplemente a identificarse como creyente, sino a vivir de una manera que refleje verdaderamente su fe.
Cuando la identidad cristiana se diluye y pierde su influencia, deja de cumplir el propósito para el cual fue llamada.
La luz del mundo
Después de hablar de la sal, Jesús usa otra imagen poderosa: la luz.
La luz existe para iluminar. En un lugar oscuro, incluso una pequeña luz puede cambiar completamente el ambiente.
Jesús enseña que la fe no fue diseñada para esconderse. Nadie enciende una lámpara para cubrirla, sino para colocarla en un lugar donde pueda alumbrar a todos.
De la misma manera, la vida del creyente está llamada a brillar en medio de un mundo que muchas veces vive en oscuridad.
Una vida que glorifica a Dios
El objetivo de ser luz no es llamar la atención hacia uno mismo.
Jesús explica que cuando las personas ven las buenas obras de los discípulos, el resultado final debe ser que glorifiquen al Padre que está en los cielos.
La vida cristiana se convierte entonces en un testimonio visible de lo que Dios hace en el corazón de una persona.
Cuando la luz brilla correctamente, las personas no terminan mirando la lámpara, sino reconociendo la obra de Dios.
Un llamado para transformar la sociedad
La enseñanza de Jesús sobre la sal y la luz sigue siendo profundamente actual.
Los discípulos de Cristo no están llamados a aislarse del mundo, sino a influir en él.
Ser sal significa preservar, influir y detener la corrupción.
Ser luz significa iluminar, mostrar el camino y reflejar la verdad de Dios.
Por eso, el llamado de Jesús no es simplemente a creer, sino a vivir una vida que impacte a otros y que refleje la gloria de Dios en medio de la sociedad.
Este artículo forma parte del contenido formativo de la
Iglesia Asamblea de Dios Las Condes .


Leave a Comment