Confía en el Dios que está de tu lado

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Confía en el Dios que está de tu lado
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Confía en el Dios que está de tu lado. Ese es el mensaje que encontramos en 2 Reyes 6:8-23, un pasaje en el que vemos la soberanía de Dios, la diferencia entre mirar con temor y mirar con fe, la importancia de caminar en dependencia del Señor y la necesidad de actuar conforme a sus caminos.

En este momento de la historia, el reino de Israel se encontraba dividido. En el norte estaba Samaria y en el sur Jerusalén. Dentro del relato podemos reconocer un protagonista y cuatro actores secundarios.

El protagonista, por sobre todo, es Dios. Siempre lo es.

Entre los actores secundarios encontramos a Ben-adad, rey de Aram o Siria y enemigo de Israel; Joram, rey de Israel e hijo de Acab y Jezabel; Eliseo, profeta de Dios, sucesor de Elías y ejemplo de una vida de entrega y dependencia; y Giezi, el joven siervo y asistente del profeta Eliseo.

De este pasaje podemos extraer cuatro lecciones.

1. No podemos limitar a Dios

El rey de Aram intentaba continuamente emboscar a Israel. Preparaba sus planes para atacarlo, pero Dios se los revelaba a Eliseo, y Eliseo advertía al rey de Israel para que evitara aquellos lugares.

Ben-adad, en su ignorancia y desconocimiento, pensó que alguien dentro de su propio ejército estaba revelando sus planes.

Sus consejeros le explicaron que no era así. En Israel había un profeta que daba a conocer incluso las palabras que el rey hablaba en lo más secreto.

Sin embargo, Ben-adad observó la situación desde una perspectiva completamente humana.

Si Eliseo era quien conocía sus planes, entonces había que encontrar a Eliseo y capturarlo.

El rey pensaba que ese hombre era la fuente del fracaso de sus planes contra Israel. No alcanzaba a comprender que detrás de todo estaba Dios.

Cuando Dios obra, ningún hombre, ningún país, ningún poder económico ni ninguna visión filosófica pueden reducirlo.

Por eso, la primera lección es clara: es un error limitar a Dios.

Creer que Dios puede ser reducido, contenido o limitado cuando Él obra es mirar solamente desde nuestra propia realidad. Nada de este mundo puede detener la obra de Dios.

2. Confía en el Dios que está de tu lado: los ojos de la fe frente a los ojos del temor

El rey de Siria descubrió que Eliseo estaba en Dotán y envió gente de a caballo, carros y un gran ejército. Llegaron durante la noche y rodearon la ciudad.

A la mañana siguiente, el siervo de Eliseo salió y vio el ejército que los había rodeado.

Su reacción fue inmediata:

¿Qué vamos a hacer?

Esa misma pregunta puede aparecer en nuestra vida cuando vemos una prueba, una dificultad o un problema.

¿Qué hacemos cuando conocemos un diagnóstico?

¿Qué hacemos cuando enfrentamos un proyecto difícil?

¿Qué hacemos frente a una materia complicada en la universidad?

¿Qué hacemos con las deudas?

¿Qué hacemos cuando sentimos tristeza, abatimiento o ansiedad?

¿Qué hacemos cuando un jefe no valora nuestro esfuerzo, cuando somos avergonzados o humillados, cuando compañeros nos critican o cuando enfrentamos vecinos incomprensivos?

¿Qué hacemos cuando los hijos no honran a sus padres o cuando, a pesar del Evangelio y de las enseñanzas recibidas, deciden seguir los placeres del mundo?

Esas situaciones pueden convertirse en nuestros hombres de a caballo y nuestros carros rodeándonos.

El siervo estaba preocupado y abatido.

Eliseo, en cambio, respondió con templanza y tranquilidad.

No le dijo que se diera por vencido.

No le dijo que abandonara.

No le dijo que dejara de luchar.

Había una realidad invisible que el siervo todavía no podía contemplar.

Eliseo sabía que los que estaban con ellos eran más que los que estaban contra ellos.

Los cristianos vivimos por fe. Creemos que el que está con nosotros es mayor que las cosas que están en el mundo.

En el mundo existen envidias, peligros, enfermedades, depresiones y dificultades. Todo eso existe.

Pero Dios está con nosotros.

Y Él es más grande que aquello que está afuera.

La oración de Eliseo tampoco fue una petición para escapar. No pidió una salida secreta ni pidió que desapareciera inmediatamente el problema.

Pidió que Dios abriera los ojos de su siervo.

Cuando Dios respondió, el siervo pudo contemplar el monte rodeado de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo.

La dificultad seguía allí.

El ejército enemigo seguía allí.

Lo que cambió fue aquello que el siervo podía ver.

El temor y nuestra imaginación caída pueden exagerar los peligros, pero nada existe más grande que nuestro Dios.

Salmos 34:15.

Esta es la Palabra de Dios y esta es una promesa que debemos tomar y guardar en nuestro corazón.

Por eso, confía en el Dios que está de tu lado, incluso cuando tus ojos todavía solamente puedan ver el problema.

3. Caminar en dependencia y obediencia a Dios

La oración de Eliseo fue que Dios abriera los ojos de su siervo para que pudiera ver quién los respaldaba.

Después de esto, Eliseo pidió que los soldados sirios fueran cegados.

Entonces se acercó precisamente al ejército que había llegado para capturarlo y comenzó a guiarlos.

Podemos imaginar lo que probablemente significó aquello para su siervo.

El ejército seguía allí.

Los soldados continuaban alrededor de ellos.

Y Eliseo le estaba diciendo que caminara.

No fueron cien metros ni doscientos metros. El trayecto fue de aproximadamente veinte kilómetros.

Durante ese camino, Eliseo estaba enseñándole a su discípulo cómo se ve una vida de confianza en Dios.

No basta con afirmar que confiamos en Dios. Esa confianza también debe verse reflejada en nuestra vida.

Nuestra oración debería ser que Dios nos dé de su paz y que nuestra vida esté llena de ella.

El castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por sus llagas nosotros fuimos curados.

Si lo dice la Biblia, es así.

Muchas veces nos llamamos cristianos porque hemos leído la Biblia durante la mañana, porque hemos orado o porque hemos escuchado alabanzas mientras comenzábamos nuestro día.

Creamos lo que podríamos llamar una atmósfera cristiana.

Pero después salimos de nuestra casa, llegamos a la oficina y nuestro corazón continúa abatido y lleno de ansiedad.

Podemos incluso perder el entusiasmo de comenzar una nueva semana y pensar con angustia en tener que volver a nuestro trabajo.

Existe entonces una contradicción.

No podemos limitar nuestra vida cristiana al ambiente que hemos creado durante algunos minutos del día. Tenemos que vivir conforme a nuestras convicciones, descansando nuestra ansiedad en el Señor porque Él tiene cuidado de nosotros.

Durante aquel trayecto, Eliseo estaba modelando delante de su discípulo cómo se ve una vida de confianza.

Y es importante recordar algo:

La prueba continuaba allí.

Eliseo seguía caminando y la prueba seguía existiendo.

Ese jefe difícil probablemente estará mañana en la oficina.

La dificultad en la universidad seguirá existiendo.

Ese diagnóstico continúa.

Ser cristiano no significa vivir una vida placentera.

Ser cristiano no significa vivir sin problemas ni dentro de una existencia idílica. Quien diga eso no está diciendo la verdad.

Ser cristiano significa también luchar.

Significa enfrentar enfermedades.

Significa atravesar dificultades económicas.

Significa en algún momento tener que buscar trabajo.

Significa recibir, quizás, un diagnóstico que no queríamos escuchar.

Pero existe una diferencia fundamental:

No estamos solos.

Mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo.

Eso es lo que debemos llevar en nuestro corazón.

4. La insensatez del rey Joram

Eliseo llevó finalmente al ejército hasta Samaria.

Una vez dentro de la ciudad, Dios abrió nuevamente sus ojos y los soldados comprendieron dónde estaban.

Frente a ellos estaba el rey Joram.

Su reacción fue inmediata: quería matarlos.

Su razonamiento era completamente humano.

Estos hombres querían atacarlo.

Estos hombres querían destruirlo.

Desde la racionalidad del mundo, la respuesta parecía evidente: si alguien quiere hacerte daño, tú respondes haciéndole daño.

Pero Eliseo detuvo al rey.

Aquellos hombres no habían sido llevados hasta allí por la espada de Joram ni por su propio poder.

Dios los había llevado.

Y entonces aparece una instrucción completamente contraria a lo que probablemente esperaba el rey:

Dales de comer.

Había que prepararles un banquete.

Eran muchos hombres, por lo que aquello debió significar una preparación considerable.

Humanamente, lo lógico habría sido aniquilarlos.

Pero Dios cambia aquella lógica.

Aquellos que querían hacer daño debían ser alimentados y atendidos.

Eso también se relaciona con lo que Jesús enseña respecto de aquellos que nos hacen daño: hacerles el bien.

Es difícil.

Desde nuestra condición humana, tratar bien a aquellos que nos han hecho daño es difícil.

Pero eso es lo que Dios nos pide.

El Dios de la Biblia sigue siendo el mismo

Al terminar este relato encontramos una gran verdad:

Dios es inmutable.

El Dios de la Biblia de hace miles de años es el mismo Dios en quien confiamos hoy.

Existen corrientes filosóficas que afirman que el cristianismo y la fe son construcciones sociales y plantean la necesidad de deconstruir instituciones porque consideran que fueron creadas sobre relaciones de opresión.

Se mencionan en este contexto pensadores como Foucault y Sartre.

Antes de ellos encontramos también a Friedrich Nietzsche y su conocida afirmación: “Dios ha muerto”.

Nietzsche murió, pero el Dios de los cielos continúa soberano en majestad.

Jehová es la fortaleza de los siglos.

Jehová es la fortaleza de los siglos.

Por eso, este mensaje se llama Confía en el Dios que está de tu lado.

Pero si quisiéramos darle un nombre todavía más completo, podría ser:

Conoce, cree, confía y órale al Dios Todopoderoso que está de tu lado. Pero procura estar totalmente convencido de que tú estás de su lado.

Efesios 1:17.

Conocer al Dios que está de tu lado

Si estás leyendo este mensaje y todavía no conoces al Señor, la invitación es a conocerlo.

Nosotros nos deleitamos en Dios y hemos sido bendecidos al conocerle. Por eso queremos compartir el Evangelio y queremos que quienes todavía no tienen al Señor Jesucristo en sus corazones puedan recibirlo.

Más allá de lo que puedan decir otras personas, creemos en un Dios verdadero y eterno porque lo vivimos y porque sabemos que no estamos solos.

Durante mis primeros días en Chile, alguien me preguntó si ya tenía algún equipo de fútbol al cual apoyar.

Le respondí que no.

Después de conversar, aquella persona me dijo algo que me sorprendió: aunque había estudiado en la Universidad Católica, no creía en Dios.

Fue un choque escuchar a una persona, además con muchos estudios, decir de manera tan directa que no creía en Dios.

También existen personas que consideran que los cristianos creemos simplemente en historias.

Pero nosotros somos felices creyendo en un Dios verdadero y eterno.

No estamos solos.

Por eso, la invitación sigue siendo la misma: conocer a ese Dios que continúa siendo la fortaleza de los siglos y cuyo Hijo está sentado a su diestra.

Confía en el Dios que está de tu lado.

Conócelo.

Cree.

Confía.

Ora.

Y procura también estar completamente convencido de que tú estás de su lado.

Iglesia Asamblea de Dios Las Condes

Autor

  • Mario Fernández

    Miembro Iglesia Asamblea de Dios Las Condes

    Mario Fernández es salvadoreño y miembro de la Iglesia Asamblea de Dios Las Condes desde abril de 2025. Está casado con Evelyn y juntos son padres de Mario Ernesto. Vive en Chile desde hace siete años y es cristiano evangélico desde los 14 años. Es comprometido con la fe y con la causa de Jesús.