Manteniendo la unidad en Cristo

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Manteniendo la unidad en Cristo
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La unidad en Cristo es fundamental para la vida de la iglesia y para el testimonio del evangelio en el mundo. En Juan 17 encontramos la última oración de nuestro Señor Jesucristo antes de ir a la cruz, donde Él ora por sus discípulos y también por todos aquellos que creerían por medio de la palabra de ellos: la Iglesia.

Jesús hace una oración sacerdotal profunda y extensa. Primero ora por sí mismo, luego por sus discípulos y finalmente por la Iglesia. En esta sección final, el énfasis está en mantener la unidad en Cristo.

Alguna vez usted ha estado en algún lugar donde ha quedado absorto, maravillado por la belleza? Tal vez contemplando las estrellas en una noche oscura, mirando el océano abierto o viendo un paisaje tan hermoso que las lágrimas salieron de sus ojos. Esos momentos nos recuerdan la gloria de Dios.

A veces también sucede con personas. Hay ocasiones donde uno puede ver algo especial en el corazón de alguien y quedar profundamente impactado.

Pensando en aquello que alguna vez le maravilló, el pasaje de Juan 17 nos muestra tres razones importantes para mantener la unidad de la iglesia:

  1. Para que el mundo crea que Jesús es el Hijo de Dios.
  2. Para que el mundo conozca que Dios le ha amado.
  3. Para que la iglesia disfrute de la gloria eterna de Jesús.

La unidad en Cristo para que el mundo crea

Juan 17:20-21 dice:

“Mas no ruego solamente por ellos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”.

Lo primero que debemos recordar es que quien fundó la iglesia fue Jesucristo. Él dijo que las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Jesús está orando por la unidad de la iglesia. Y si Jesús ora por esta unidad, podemos descansar en que el Padre escucha al Hijo.

En Juan 11:41-42, cuando Jesús resucita a Lázaro, dice:

“Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes”.

Jesucristo es el sumo sacerdote que intercede por la iglesia. Él ora para que el mundo crea que el Padre le envió.

Hay muchas cosas que unen a la iglesia. Efesios 4:4-6 dice:

“Un cuerpo y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos”.

Tenemos una esperanza, una fe, un bautismo y un Padre en común.

El bautismo nos une a la muerte y resurrección de Jesucristo. Proclamamos que ya no vivimos para nosotros mismos, sino para Cristo.

La unidad en Cristo es un testimonio para el mundo. Las personas ven una comunidad diversa, con diferentes historias y opiniones, pero unida en el evangelio.

Jesús dice:

“Para que todos sean uno como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti”.

La relación perfecta entre el Padre y el Hijo es el modelo de unidad para la iglesia.

Por eso debemos preguntarnos:

  1. ¿Cómo está nuestra unidad?
  2. ¿Sabemos resolver nuestras diferencias en amor?
  3. ¿Demostramos cuidado por los demás?
  4. ¿Nos interesamos por nuestros hermanos?

Jesús quiere una iglesia unida.

La unidad en Cristo revela el amor de Dios

Juan 17:22-23 dice:

“La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”.

Aquí vemos algo impresionante: Dios ama a su iglesia como ama al Hijo.

Muchas veces vivimos con baja autoestima espiritual porque no creemos esta verdad profundamente.

Romanos 5:8 dice:

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.

Dios entregó a su Hijo porque ama al mundo y porque quiso dar solución al problema del pecado.

La gloria que el Señor ha dado a su pueblo es la revelación del evangelio. La gloria es conocer las buenas noticias de que Dios envió a su Hijo al mundo.

La unidad en Cristo refleja esa gloria y revela el amor de Dios.

Muchas veces necesitamos pedir:

“Señor, ten misericordia de nosotros. Ayúdanos con la unidad”.

Cuando hay malentendidos debemos hablar, pedir perdón y caminar en amor.

Dos cosas suceden cuando la iglesia vive en unidad:

  1. El mundo cree que el Padre envió al Hijo.
  2. El mundo conoce que Dios ama a las personas como ama a Jesucristo.

1 Juan 4:9-10 dice:

“En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”.

Dios nos ha amado profundamente.

A veces entendemos esto solo intelectualmente, pero necesitamos que esa verdad baje al corazón para vivir como personas amadas por Dios.

Si Dios entregó a su Hijo, entonces su amor es real, profundo y transformador.

La unidad en Cristo y la gloria eterna

Juan 17:24-26 dice:

“Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo”.

Jesús desea compartir su gloria con su iglesia.

Antes de la fundación del mundo, el Padre amaba al Hijo. Y ahora Cristo quiere que su pueblo participe de esa gloria eterna.

Hace muchos años, durante un viaje por Canadá, contemplando lagos, montañas y paisajes impresionantes, surgió un pensamiento profundo: “Cómo me gustaría compartir esta hermosura con las personas que amo”.

Eso mismo refleja el corazón de Cristo.

Jesús ora diciendo:

“Quiero que donde yo estoy, ellos también estén”.

Cristo ama a su iglesia y quiere compartir con ella la gloria eterna.

Por eso, aunque en este mundo existan pruebas, tristeza o dolor, el creyente tiene una esperanza gloriosa.

La Biblia enseña que somos herederos de la patria celestial.

El evangelio son las primicias de esa gloria venidera.

Tal vez alguien nunca ha viajado, nunca ha visto lugares extraordinarios o nunca ha tenido experiencias impresionantes en esta vida. Pero un día contemplará la gloria eterna de Dios.

Jesús compartirá su gloria con sus discípulos, con la iglesia y con todos aquellos que creen en Él.

La unidad en Cristo nos recuerda que caminamos juntos hacia esa esperanza eterna.

Manteniendo la unidad en Cristo

La unidad en Cristo es importante para que el mundo crea que Dios envió a su Hijo.

La unidad en Cristo también es fundamental para mostrar el amor de Dios al mundo.

Y finalmente, la unidad en Cristo nos recuerda que un día disfrutaremos juntos de la gloria eterna de Jesús, donde no habrá tristeza, llanto ni dolor.

Las situaciones difíciles de esta vida tienen un final. La promesa de Cristo es eterna.

El Señor ama a su iglesia, intercede por ella y la llevará a morar eternamente con Él.

Pidamos al Señor que nos ayude a vivir en amor, a cuidar la unidad y a caminar como personas profundamente amadas por Dios.

Para más información, puedes visitar
Iglesia Asamblea de Dios Las Condes .

Autor

  • Pastor Iglesia Asamblea de Dios Las Condes
    Fabián Tobar es chileno y se desempeñó por años como director de la organización misionera Operación Movilización en Chile, OM. Actualmente está cursando una Maestría en Estudios Teológicos y Ministerios en el Seminario Fuller.