Estar Preparados: La Importancia de Permanecer Firmes y en Comunión con Dios

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Estar Preparados: La Importancia de Permanecer Firmes y en Comunión con Dios
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Estar preparados es una necesidad permanente para todo creyente. La vida cristiana no consiste simplemente en haber creído en Cristo una vez, sino en perseverar cada día en comunión con Él, fortalecidos por su Palabra y acompañados por la Iglesia. A través del relato de Jueces 18:7-10, encontramos una enseñanza que nos invita a examinar nuestra condición espiritual y a preguntarnos si estamos realmente preparados para enfrentar los desafíos de la vida cristiana.

En esta reflexión veremos cómo la experiencia del pueblo de Lais se transforma en una advertencia para nosotros, mostrándonos actitudes que pueden debilitarnos espiritualmente y alejarnos del propósito de Dios.

Un llamado constante a estar preparados

Damos gracias al Señor porque nos permite congregarnos, reunirnos y adorar su nombre. Qué bendición es poder encontrarnos como Iglesia para glorificar a Dios, exaltar su nombre y recibir fortaleza por medio de su Palabra.

Necesitamos del Señor cada día. Sin su dirección, su gracia y su presencia, no podemos avanzar en la vida cristiana. Además, necesitamos la comunión con nuestros hermanos, porque Dios nunca diseñó la fe para ser vivida en aislamiento.

Al comenzar esta reflexión encontramos un principio que aparece repetidamente en las Escrituras: la necesidad de estar preparados.

Por ejemplo, en Mateo 24 y Mateo 25, Jesús habló acerca de los acontecimientos previos a su regreso y enseñó la parábola de las diez vírgenes. El propósito de esas enseñanzas era recordar a sus discípulos que debían permanecer atentos y preparados para su venida.

Como creyentes seguimos esperando ese día. Esperamos que el Señor venga por su Iglesia y, por esta razón, debemos vivir preparados, buscándole, adorándole y permaneciendo fieles.

Asimismo, el apóstol Pablo enseña en Efesios 6 que debemos vestir toda la armadura de Dios. Esta exhortación nos recuerda que existe una lucha espiritual constante. Desde el momento en que recibimos a Cristo en nuestro corazón, nuestra vida entra en una realidad espiritual donde necesitamos depender continuamente del Señor.

Por lo tanto, la Biblia insiste una y otra vez en la importancia de permanecer vigilantes.

El contexto de Jueces 18

Para comprender la enseñanza del pasaje es necesario entender el contexto en que ocurre.

Josué ya había muerto. Durante su liderazgo, la tierra había sido repartida entre las tribus de Israel. Sin embargo, la tribu de Dan todavía enfrentaba dificultades para establecerse plenamente en el territorio que le había sido asignado.

Por esta razón, enviaron cinco hombres para explorar otras regiones y encontrar un lugar donde pudieran habitar.

El relato dice:

“Entonces aquellos cinco hombres salieron y vinieron a Lais…”

Estos hombres observaron cuidadosamente la ciudad y analizaron las condiciones del lugar. Lo que encontraron les llamó profundamente la atención.

La tierra era buena.

Además, el territorio resultaba atractivo para establecerse.

Sin embargo, lo más importante para ellos fue observar la condición de sus habitantes.

Aquello que encontraron terminó convirtiéndose en la razón por la cual recomendaron la conquista de la ciudad.

Un pueblo que se sentía completamente seguro

La Escritura dice que los habitantes de Lais vivían seguros.

A primera vista esto parece algo positivo. Después de todo, ¿quién no desea vivir tranquilo y seguro?

Sin embargo, el problema no era la tranquilidad en sí misma. El problema era que aquella seguridad se había transformado en confianza excesiva.

Los habitantes de Lais habían llegado a pensar que nada podía ocurrirles.

Vivían cómodamente.

Además, contaban con recursos suficientes para subsistir.

Asimismo, poseían una buena tierra que les permitía desarrollarse sin mayores dificultades.

No sentían la necesidad de prepararse para enfrentar amenazas externas.

Los exploradores pudieron observar algo que los propios habitantes no estaban viendo. Mientras ellos disfrutaban de su tranquilidad, existía una tribu buscando precisamente un territorio como aquel.

Su seguridad no estaba basada en una preparación adecuada, sino en la falsa idea de que nunca enfrentarían dificultades.

Como creyentes debemos tener cuidado con esa misma actitud.

En ocasiones, una larga trayectoria en el evangelio puede llevarnos a sentir una confianza excesiva.

De igual manera, el conocimiento bíblico puede hacernos pensar que ya estamos firmes.

Incluso las bendiciones recibidas a lo largo de los años podrían llevarnos a descuidar nuestra dependencia diaria del Señor.

No obstante, nuestra seguridad verdadera se encuentra únicamente en Cristo.

Cuando dejamos de depender de Él comenzamos a exponernos a peligros que quizás ni siquiera estamos percibiendo.

La falsa confianza que conduce al descuido

El relato también describe que este pueblo vivía confiado.

No estaban preocupados por posibles amenazas.

Tampoco consideraban la posibilidad de ser atacados.

Simplemente continuaban con su vida diaria.

Esa confianza terminó convirtiéndose en una debilidad.

Muchas veces sucede algo parecido en la vida espiritual.

Cuando todo marcha bien podemos comenzar a relajarnos.

Quizás dejamos de orar con la misma intensidad.

Tal vez descuidamos la lectura bíblica.

Incluso podríamos comenzar a depender más de nuestras fuerzas que de la gracia de Dios.

Es precisamente por eso que el apóstol Pablo advierte en 1 Corintios 10:12:

“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.”

Esta advertencia sigue siendo necesaria para nosotros.

No importa cuántos años llevemos sirviendo al Señor.

Tampoco importa cuánto conocimiento bíblico tengamos.

Ni siquiera las experiencias vividas nos garantizan permanecer firmes.

Por el contrario, siempre necesitaremos depender completamente de Dios.

El peligro de vivir aislados

Una de las características más llamativas de Lais era que vivían aislados.

La Escritura señala que no tenían negocios con nadie y estaban lejos de otros pueblos.

Se habían acostumbrado a vivir sin relacionarse con otros.

En cierto sentido, se sentían autosuficientes.

Esta situación nos lleva a reflexionar sobre una realidad que también puede aparecer en la vida cristiana.

A veces algunas personas llegan a pensar que pueden vivir su fe completamente solas.

Piensan que no necesitan congregarse.

Piensan que no necesitan la comunión con otros creyentes.

Piensan que pueden sostener su vida espiritual únicamente desde casa.

Sin embargo, la enseñanza bíblica apunta exactamente en la dirección contraria.

El libro de Hebreos nos exhorta a no dejar de congregarnos.

Además, la vida cristiana fue diseñada para ser vivida en comunidad.

Necesitamos reunirnos como pueblo de Dios.

Además, la comunión nos permite animarnos mutuamente en medio de las dificultades.

Del mismo modo, es fundamental orar unos por otros y acompañarnos en las distintas etapas de la vida cristiana.

Asimismo, somos fortalecidos cuando compartimos la fe con nuestros hermanos y aprendemos juntos de la Palabra del Señor.

Es una bendición cuando alguien nos dice que está orando por nosotros.

También es una bendición recibir una palabra de ánimo en un momento difícil.

De igual manera, compartir nuestras cargas con otros creyentes nos ayuda a perseverar.

Por esta razón, Dios nos creó para vivir la fe dentro de su pueblo.

La importancia de la comunión cristiana

La comunión no es un detalle secundario dentro de la vida cristiana.

Por el contrario, forma parte esencial del diseño de Dios para su Iglesia.

El modelo que encontramos en Hechos 2 muestra creyentes que perseveraban juntos, compartían la enseñanza, oraban y mantenían una comunión constante.

Aquella iglesia comprendía algo que nosotros también debemos recordar: nos necesitamos unos a otros.

El aislamiento debilita.

En cambio, la comunión fortalece.

Cuando nos alejamos de la congregación dejamos de recibir muchos de los medios que Dios utiliza para edificarnos.

Por eso congregarnos no debe verse como una obligación pesada.

Más bien, debe entenderse como una bendición.

Cada reunión representa una oportunidad para crecer, aprender, adorar y ser fortalecidos.

El riesgo de la ociosidad espiritual

Otro aspecto mencionado en el pasaje es que los habitantes de Lais estaban ociosos.

Vivían tranquilos y despreocupados.

No estaban atentos a lo que ocurría a su alrededor.

Espiritualmente también existe el peligro de caer en la ociosidad.

No se trata solamente de estar ocupados haciendo actividades.

Más bien, se trata de permanecer activos en nuestra relación con Dios.

La vida cristiana requiere disciplina espiritual.

Necesitamos orar con perseverancia y mantener una comunicación constante con Dios.

Además, resulta indispensable leer y escudriñar las Escrituras para conocer mejor su voluntad.

Del mismo modo, debemos buscar la presencia del Señor cada día, no solamente en los momentos difíciles.

Finalmente, es importante cultivar una vida de dependencia permanente de su gracia y dirección.

La preparación espiritual no ocurre de manera automática.

Por el contrario, se cultiva día tras día.

Cada jornada representa una nueva oportunidad para acercarnos más a Dios.

Preparados para cualquier circunstancia

La vida puede cambiar en cuestión de segundos.

Nadie sabe exactamente lo que ocurrirá mañana.

Por eso debemos vivir preparados.

No solamente para enfrentar pruebas y dificultades, sino también para mantenernos fieles en medio de ellas.

La verdadera preparación consiste en vivir diariamente en comunión con Cristo.

Cuando nuestra confianza está puesta en Él podemos enfrentar cualquier circunstancia sabiendo que seguimos bajo su cuidado.

La necesidad de examinarnos

Uno de los aspectos más importantes de esta enseñanza es la invitación a examinarnos personalmente.

Los habitantes de Lais no fueron capaces de identificar sus propias debilidades.

En cambio, los exploradores pudieron verlas claramente.

La misma pregunta surge para nosotros.

Quizás hemos disminuido nuestro tiempo de oración sin darnos cuenta.

Tal vez hemos comenzado a faltar a las reuniones de la Iglesia con mayor frecuencia.

En otros casos, podríamos estar confiando demasiado en nuestras propias capacidades.

También es posible que hayamos dejado de buscar consejo espiritual cuando más lo necesitamos.

Estas preguntas no buscan producir condenación.

Más bien, buscan llevarnos a una reflexión sincera delante del Señor.

Cristo es la cabeza de la Iglesia

El relato también señala que no había quien gobernara aquel pueblo.

Carecían de dirección y liderazgo.

La realidad de la Iglesia es completamente diferente.

La Escritura enseña que Jesucristo es la cabeza de la Iglesia (Efesios 1:22-23).

Además, Dios ha establecido ministerios para la edificación de su pueblo (Efesios 4:11).

Esto nos recuerda que no caminamos solos.

Por el contrario, el Señor continúa guiando a su Iglesia.

Continúa edificando a su pueblo.

Asimismo, sigue fortaleciendo a aquellos que permanecen cerca de Él.

Un llamado a permanecer unidos

En Juan 17, Jesús oró para que sus discípulos fueran uno.

Ese deseo sigue vigente hoy.

La unidad fortalece a la Iglesia.

Además, la comunión fortalece al creyente.

De igual manera, la cercanía con otros hermanos fortalece nuestra fe.

Por eso debemos resistir la tentación del aislamiento.

Debemos valorar la comunión.

Asimismo, debemos valorar la congregación.

Finalmente, debemos agradecer el apoyo mutuo que Dios nos concede por medio de su pueblo.

Estar preparados cada día

La experiencia de Lais nos deja una enseñanza profunda.

Una falsa seguridad puede conducir al descuido.

Asimismo, la confianza excesiva puede producir vulnerabilidad.

Además, el aislamiento puede debilitarnos espiritualmente.

De igual manera, la ociosidad espiritual puede alejarnos de la vigilancia que Dios espera de nosotros.

Por eso el llamado sigue siendo el mismo: estar preparados.

Debemos estar preparados para la venida del Señor, manteniendo viva nuestra esperanza en Cristo.

Asimismo, necesitamos permanecer firmes frente a las luchas y desafíos de cada día.

Esta preparación se fortalece mediante la oración constante y una relación cercana con Dios.

Además, la comunión con la Iglesia cumple un papel fundamental en nuestro crecimiento espiritual.

Finalmente, la obediencia a la Palabra nos permite caminar con seguridad y permanecer fieles a la voluntad del Señor.

Que el Señor nos ayude a identificar aquellas áreas que necesitan ser fortalecidas y que podamos depender cada día más de Él.

Porque la vida cristiana no fue diseñada para ser vivida en soledad ni en autosuficiencia, sino en comunión con Dios y con su pueblo. Y precisamente allí encontramos la verdadera fortaleza para estar preparados.

Para más información, puedes visitar
Iglesia Asamblea de Dios Las Condes .

Autor

  • Nelson Irarrázaval

    Pastor Iglesia Asamblea de Dios Mallarauco

    Nelson es chileno y casado. Realizó estudios teológicos en Viña del Mar, formándose en el Instituto Bíblico de Viña del Mar en el año 1986. En 1994 fue apartado como colaborador, y posteriormente, en 1996, fue apartado como pastor en Mallarauco.