La Palabra de Dios como prioridad: escoge la buena parte

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La Palabra de Dios como prioridad: escoge la buena parte
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La Palabra de Dios como prioridad: escoge la buena parte es una invitación a volver a aquello que es fundamental para la vida del creyente: sentarnos a los pies del Señor, escuchar su Palabra y darle el lugar que realmente merece.

Durante septiembre celebramos en Chile el Mes de la Biblia. Es un tiempo especial para recordar la importancia de la Palabra y para poner distintos énfasis en torno a ella.

Antes de profundizar en otros principios teológicos, hay algo elemental y básico para la vida cristiana que necesitamos establecer: la Palabra de Dios debe ser un principio y un valor fundamental para la vida del creyente.

El pasaje que nos acompaña es Lucas 10:38-42.

Se trata de un relato muy breve. Jesús entra en una aldea y Marta lo recibe en su casa. Allí estaba también su hermana María, quien toma una decisión muy particular: se sienta a los pies de Jesús para escuchar su palabra.

Marta, en cambio, se encuentra preocupada por muchos quehaceres.

Finalmente, Jesús le hace ver que, aunque existen muchas cosas que pueden ocupar nuestra atención, hay una que es realmente necesaria. María había escogido la buena parte.

A los pies de Jesús para escuchar su Palabra

¿Quiénes eran Marta y María?

Eran hermanas de Lázaro. Cuando estudiamos los Evangelios descubrimos que los tres tenían una relación muy cercana con Jesús. Este es, al menos dentro de los relatos que tenemos, uno de los primeros encuentros que aparecen durante su ministerio público.

Probablemente hubo muchos otros momentos entre ellos que no quedaron registrados.

Lucas no entrega demasiados detalles acerca de lo ocurrido. Nos dice simplemente que Jesús iba de camino, entró en una aldea y Marta lo recibió en su casa.

Marta aparece como la anfitriona.

Otros relatos nos permiten conocer un poco más acerca de esta familia. María fue quien posteriormente ungió los pies del Señor con un perfume muy costoso. También conocemos el episodio de la enfermedad y muerte de Lázaro, cuando Jesús llega a Betania después de varios días y finalmente Lázaro resucita.

Pero aquí Lucas centra nuestra atención en algo sencillo.

María se sienta a los pies de Jesús para escuchar su Palabra.

Esto es interesante porque sentarse a los pies de un maestro era precisamente la posición de un discípulo. En la cultura judía del primer siglo y dentro de la enseñanza rabínica, un discípulo se sentaba a los pies de su maestro para escuchar sus enseñanzas.

Eso es exactamente lo que hace María.

En su propia casa se pone a los pies del Maestro y escucha la Palabra de Dios.

Era también algo contracultural. Las mujeres podían estudiar la Torá en sus hogares, pero no formaban parte normalmente de las escuelas rabínicas. Sin embargo, María decide ponerse a los pies del Maestro como una discípula.

Aquí encontramos una decisión, una determinación y una prioridad.

Cuando María ve al Señor, va hacia Él, se sienta a sus pies y escucha.

La Palabra de Dios como prioridad en la vida del creyente

Mientras María escucha, Marta está desempeñando su labor de anfitriona.

Probablemente está preparando las cosas, preocupándose de que su invitado esté bien atendido. El relato no especifica si Jesús estaba acompañado por sus discípulos, aunque probablemente lo estaba y quizás había otras personas también.

Podemos imaginar la escena.

Marta ocupada, preparando todo, queriendo hacer sentir bien a quienes habían llegado. María, en cambio, está sentada escuchando atentamente al Señor.

Esto me recuerda algo de mi propia infancia.

Cuando invitaba amigos a la casa, yo era muy extrovertido. Me sentaba con ellos, conversaba y disfrutaba el momento. Mi hermano Eduardo, en cambio, siempre estaba preocupado de preparar todo.

Algunas veces yo llegaba del colegio con un amigo sin siquiera avisar.

Entonces comenzaban las preguntas: ¿por qué no avisaste?

Había que salir a comprar una bebida, buscar algo para comer y preparar lo necesario para recibir bien a la visita.

Mi hermano tenía muy desarrollado ese sentido de hospitalidad.

Hay personas así. Se preocupan profundamente de hacer sentir bien a los demás y, precisamente porque quieren atenderlos bien, pueden terminar estresándose.

Algo parecido ocurre con Marta.

Ella había invitado al Maestro y quería atenderlo. Pero mientras preparaba todo, veía a María sentada escuchando al Señor.

Podemos imaginar su frustración.

La lectura de la Palabra de Dios, la vida devocional, la reflexión y el estudio profundo de las Escrituras son disciplinas espirituales, pero también son un valor y una prioridad que el creyente debe establecer conscientemente.

Si tú no lo estableces, muchas cosas van a ocurrir durante el día.

Y cuando termine el día puedes descubrir que perdiste la oportunidad de tener una cita divina, un encuentro con el Señor y un verdadero banquete en su Palabra.

Hay personas que pueden dejar pasar mucho tiempo sin estar a los pies del Señor, sin contemplarlo, sin deleitarse y sin alimentarse de la Palabra.

Por eso necesitamos establecer la Palabra de Dios como prioridad.

Podemos tener cinco minutos o diez minutos de tiempo devocional. Podemos disponer de períodos más extensos de reflexión. También podemos tener momentos de estudio profundo en los que buscamos esos tesoros que encontramos en las Escrituras.

Pero la Palabra debe ocupar un lugar fundamental.

No solamente como disciplina espiritual, sino como principio y valor central para la vida del creyente.

¿Por qué?

Porque la Palabra de Dios nos enseña quiénes somos y quién es Dios.

La Palabra moldea nuestros valores.

Nos ayuda en nuestra conducta.

Es nuestra norma de fe y conducta.

Por eso debemos atesorarla, amarla y valorarla.

Es también a través de ella que el Señor nos confronta y transforma.

Jesús también dio prioridad a la Palabra

Tal vez alguien podría pensar: «Esto ya lo sabemos».

Sin embargo, Jesús mismo estableció la Palabra de Dios como prioridad.

Cuando tenía doce años, sus padres viajaron a Jerusalén como acostumbraban hacerlo. Después emprendieron el regreso junto con sus familiares y, más tarde, se dieron cuenta de que Jesús no estaba con ellos.

Regresaron a buscarlo.

Finalmente lo encontraron en el templo, escuchando y haciendo preguntas. Los maestros estaban sorprendidos de su entendimiento.

Desde muy joven encontramos en Jesús un profundo amor por la Palabra.

Como Iglesia debemos fomentar siempre el estudio personal de las Escrituras, pero también debemos aprender juntos.

Por eso existen instancias comunitarias.

Hemos fomentado la escuela bíblica y también hemos tenido oportunidades de estudiar de una manera más sistemática, ya sea participando formalmente o como oyentes.

También están las sesiones de los días sábados.

Tal vez para algunos el sábado es un día familiar y no siempre pueden conectarse en ese horario. Por eso también se comparte el material posteriormente.

Lo importante no es convertir esto en una práctica rígida o legalista.

Algunas personas enseñan que necesariamente debe hacerse por la mañana porque vemos que el Señor buscaba momentos de oración temprano.

Pero el punto es otro.

Busca el tiempo que puedas establecer.

El tiempo que realmente puedas apartar.

Las madres, por ejemplo, pueden tener días completamente ocupados. Cada persona vive realidades distintas.

Lo importante es establecer ese momento.

Porque si no lo establecemos y no lo ponemos como prioridad, el tiempo simplemente se nos va entre los dedos.

Existen momentos personales y momentos comunitarios para aprender la Palabra de Dios.

Debemos fomentarlos.

La Palabra frente a la tentación

También vemos este principio cuando Jesús comienza su ministerio.

Después de ser bautizado, es llevado por el Espíritu Santo al desierto y allí es tentado.

Ante las tentaciones del enemigo, Jesús responde recurriendo a lo que estaba escrito en la Palabra de Dios.

Mateo 4:4.

Mateo 4:7.

Mateo 4:10.

Jesús conocía la Palabra, la amaba y la tenía profundamente presente.

Si el Señor Jesús, siendo el Verbo, la Palabra encarnada, amaba y conocía las Escrituras y tenía comunión con el Padre, ¿cuánto más nosotros necesitamos hacerlo?

El enemigo no viene a realizar algo bueno en nuestra vida.

Quiere matar, hurtar y destruir.

Va a intentar robar aquello que el Señor ha puesto en nosotros.

Después de la tentación en el desierto, el enemigo dejó a Jesús por un tiempo.

Por eso no debemos pensar que porque hoy estamos bien nunca tendremos nuevamente una batalla.

Necesitamos la Palabra de Dios.

Necesitamos establecerla como disciplina y también como un valor fundamental.

No permitas que las muchas cosas te hagan perder lo realmente importante

Volvamos a Marta.

Ella estaba preocupada por muchos quehaceres.

Finalmente se acerca al Señor y manifiesta su molestia porque María la había dejado sirviendo sola.

Podemos imaginar la frustración.

Ella estaba preparando todo para atender a los invitados y veía a su hermana tranquilamente sentada escuchando.

Entonces Jesús responde llamándola dos veces por su nombre.

Marta estaba afanada y turbada.

La expresión transmite la idea de ansiedad, inquietud y de estar absorbido por una preocupación.

Tal vez había incluso más preocupaciones que simplemente preparar la comida y servir.

Pero aquí encontramos algo importante.

Jesús no está en contra del servicio.

La Escritura muestra claramente la importancia de servir. Jesús mismo enseñó acerca de esto.

Por lo tanto, el problema no es que Marta estuviera sirviendo.

El asunto es la prioridad.

Ese era un momento especial.

María lo había entendido.

Marta también necesitaba aprovecharlo.

Sin embargo, estaba pensando en muchas otras cosas. Estaba abrumada, ansiosa y molesta. Todo eso le impedía escuchar lo que el Señor estaba enseñando.

También podemos caer en algo parecido.

A veces damos demasiado énfasis al servicio y terminamos validando nuestra vida por todo lo que hacemos.

«Señor, yo hago esto».

«Yo hago aquello».

Pero nuestra vida no se sostiene simplemente en hacer cosas.

Necesitamos estar en su presencia.

Necesitamos estar con el Señor.

He conocido personas que han dejado un ministerio y sienten que el mundo se les viene abajo porque gran parte de su identidad estaba puesta en aquello que hacían.

También hay quienes necesitan continuamente un título o estar permanentemente haciendo algo.

Pero hay tiempos y tiempos.

Jesús no está en contra del servicio.

Aquí simplemente está dejando en claro que existen prioridades.

Priorizar significa dar valor, importancia y urgencia a aquello que consideramos verdaderamente importante.

Hay muchas cosas en la vida.

Algunas son secundarias.

Otras son opcionales.

Pero esto no era opcional.

Marta se estaba perdiendo algo especial.

Marta también amaba al Señor

No debemos presentar a Marta como si fuera la mala de la historia.

Ella también amaba profundamente al Señor.

Cuando estudiamos los demás relatos podemos verlo con claridad.

Cuando Lázaro murió, Marta salió al encuentro de Jesús.

Juan 11:21-27.

En ese diálogo queda en evidencia que Marta creía en el poder del Señor, creía en la resurrección y tenía una comprensión teológica importante.

También confesó a Jesús como el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios.

Ella amaba al Señor.

Lo reconocía como su Señor.

Lo reconocía como el Mesías.

Por eso este pasaje no enfrenta simplemente a una hermana buena contra una hermana mala.

Nos muestra algo que también podemos experimentar nosotros mismos.

Incluso amando al Señor podemos distraernos.

Los distractores que compiten por nuestra atención

El estudio de la Palabra es una disciplina.

Y existen muchas cosas que intentarán distraernos.

Hay muchos distractores en esta vida.

También existe alguien interesado en presentarnos otras cosas como si fueran superiores, como si fueran verdaderas perlas preciosas, cuando en realidad no lo son.

Por eso, aunque establezcamos el estudio de la Palabra como prioridad, habrá momentos en los que simplemente no tendremos ganas.

Algunas veces leeremos y quizás aparentemente no ocurra algo extraordinario.

Pero otras veces sucede algo profundo.

El Señor nos quebranta.

El Señor comienza a transformarnos por medio de su Palabra.

Ahí comprendemos nuevamente por qué la Palabra de Dios como prioridad no puede quedarse solamente en una buena intención.

Debemos escogerla.

Una cosa es necesaria: escoge la buena parte

Llegamos entonces al tercer punto.

Una cosa es necesaria.

Escoge la buena parte.

María eligió.

Y esto nos recuerda que nosotros también podemos escoger.

Podemos elegir qué hacemos con nuestro día.

Podemos determinar nuestras prioridades.

María había escogido bien.

Había decidido estar a los pies del Maestro y escuchar.

Hay cosas que son más necesarias que otras.

Y Jesús deja claro que escuchar la Palabra lo era.

María tomó una decisión.

Tuvo una actitud y una determinación.

Además, recibe una promesa: aquello que había escogido no le sería quitado.

Hay creyentes en países donde el acceso al Evangelio es restringido que han pasado largos períodos sin una Biblia.

Algunos han tenido solamente fragmentos de las Escrituras.

Otros han memorizado la Palabra porque sabían que podían llegar momentos en que no tendrían acceso a ella.

Y durante años han podido recordar esos textos que guardaron en su corazón.

María escogió la buena parte.

Una parte que no le sería quitada.

Una progresión en la vida de María

Si este es uno de los primeros relatos acerca de la relación entre estas hermanas y Jesús, resulta interesante observar lo que posteriormente ocurre con María.

Encontramos una progresión.

Y en distintos momentos importantes aparece nuevamente a los pies del Señor.

Cuando Lázaro muere y María llega donde Jesús, se arroja a sus pies.

Juan 11:32-33.

Más adelante encontramos nuevamente a María tomando perfume de nardo puro, un perfume muy costoso, para ungir los pies de Jesús.

Juan 12:3.

Después seca sus pies con sus propios cabellos y la casa se llena con la fragancia del perfume.

Ese acto estaba relacionado con el camino de Jesús hacia la cruz.

Es muy interesante observarlo.

Los encuentros de María con Jesús aparecen marcados por esa misma postura.

A sus pies.

Su discernimiento la llevó a ser una mujer sensible y adoradora.

¿Qué cosas pueden ocurrir?

¿Qué transformaciones pueden suceder cuando nos disponemos a pasar tiempo a los pies de nuestro Señor?

Hoy también tenemos que escoger

María escogió la buena parte.

Y hoy Jesús también nos llama a escoger.

No podemos controlar todas las cosas que compiten por nuestra atención.

Pero sí podemos decidir qué tendrá el primer lugar.

¿Qué está ocupando hoy el lugar de lo necesario en mi vida?

¿El trabajo?

¿El ministerio?

¿La familia?

El Evangelio es muy práctico.

La pregunta es: ¿qué voy a hacer yo para que la Palabra de Dios sea realmente una prioridad en mi vida?

Porque la Palabra de Dios como prioridad implica tomar una decisión.

En nuestros días tenemos muchos quehaceres y muchas cosas que parecen urgentes.

Incluso algo tan cotidiano como las redes sociales puede quitarnos mucho tiempo.

Podemos comenzar viendo un video y luego otro.

Después otro.

Cinco minutos pueden transformarse en diez.

Y diez minutos pueden terminar convirtiéndose en media hora.

Así se nos puede ir el tiempo en muchas cosas que realmente no son lo más importante.

Necesitamos pedirle al Señor que nos muestre qué cosas podemos cambiar o cortar.

Que nos confronte por medio de su Palabra.

Si Él es lo más importante y tenemos su preciosa Palabra disponible para leerla y estudiarla, necesitamos aprender a valorarla y hacernos el tiempo para crecer en Él y amarlo más.

Como iglesia, queremos seguir fomentando el amor, la lectura y el estudio de la Palabra, tanto personalmente como en comunidad.

Una oración para volver a lo necesario

Señor, muchas gracias por tu Palabra.

Gracias por este relato y por el testimonio de María y de Marta, personas que te amaban y que, junto con Lázaro, tuvieron una relación cercana contigo.

Qué maravilloso debe haber sido vivir esa cercanía.

Pero creemos que esa relación cercana también está disponible para nosotros.

Y esa relación se cultiva pasando tiempo contigo, sentándonos a tus pies y rindiéndonos delante de ti.

Ayúdanos en medio de nuestros mundos tan ocupados.

Tenemos tantos quehaceres y tantas cosas que se levantan como prioritarias en nuestra vida cuando realmente no lo son.

Muéstranos qué cosas debemos cambiar.

Qué cosas debemos cortar.

Confróntanos por medio de tu Palabra.

Si Tú eres lo más importante y tenemos tu preciosa Palabra para leerla y estudiarla, ayúdanos a valorarla.

Ayúdanos a hacernos el tiempo necesario para estudiarla, crecer en ti y amarte más.

Que podamos establecer verdaderamente la Palabra de Dios como prioridad, sentarnos a tus pies y escoger la buena parte.

En el nombre de Jesús.

Amén.


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Autor

  • Pastor Iglesia Asamblea de Dios Las Condes
    Fabián Tobar es chileno y se desempeñó por años como director de la organización misionera Operación Movilización en Chile, OM. Actualmente está cursando una Maestría en Estudios Teológicos y Ministerios en el Seminario Fuller.