Sed llenos del Espíritu: vivir el evangelio bajo su dirección

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Sed llenos del Espíritu: vivir el evangelio bajo su dirección
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Ser llenos del Espíritu es vivir el evangelio bajo su dirección cada día. Sed llenos del Espíritu: vivir el evangelio bajo su dirección es un llamado a reconocer que la vida cristiana no depende solamente de lo que decimos creer, sino de quién está guiando nuestro andar.

Dios ha sido fiel. Han pasado muchos hermanos por este lugar y, de todas maneras, podemos ver la fidelidad de Dios. Por eso damos gracias al Señor por una nueva oportunidad de compartir su Palabra.

En Efesios 5:18-21, Pablo hace un llamado especial a los creyentes: ser llenos del Espíritu.

Antes de entrar en este pasaje, es importante recordar a quiénes estaba escribiendo Pablo y lo que había enseñado previamente en esta carta.

Una carta dirigida a creyentes

Pablo escribió la carta a los Efesios aproximadamente entre los años 60 y 62 d. C. Fue una carta dirigida especialmente a creyentes, a personas que habían creído y recibido al Señor Jesús como Señor y Salvador.

Lucas, compañero del apóstol Pablo, relata en Hechos 18 que Pablo estuvo por un tiempo en Éfeso y dejó allí a Priscila y Aquila. Más adelante, en Hechos 20, se menciona que Pablo permaneció alrededor de tres años en aquel lugar predicando y compartiendo la Palabra del Señor.

Los primeros tres capítulos de Efesios hablan especialmente de la salvación por gracia. Luego, en los capítulos cuatro, cinco y seis, Pablo enseña acerca del andar del creyente: cómo debemos reflejar nuestra nueva vida en Cristo Jesús.

Desde el comienzo de la carta, Pablo se dirige a los santos y fieles en Cristo Jesús que estaban en Éfeso (Efesios 1:1).

Eran personas que habían recibido a Cristo como Señor y Salvador de sus vidas.

El Dios que conoce nuestra vida

Pablo también señala que Dios nos bendijo con toda bendición espiritual y habla de quienes fueron escogidos antes de la fundación del mundo (Efesios 1:3-4).

Aquí podemos destacar la omnisciencia de Dios.

Dios sabe y conoce todas las cosas. En esta mañana también nos conoce a cada uno de nosotros. Conoce nuestras debilidades, nuestras fortalezas y la situación en la que estamos.

El Salmo 139:1-6 también destaca que Dios conoce nuestra vida: nuestro sentarnos, nuestro levantarnos, nuestro andar y nuestro reposo.

Este es uno de los maravillosos atributos del Dios que adoramos. Él conoce nuestras aflicciones, nuestras necesidades y nuestras luchas.

El mismo salmo también habla de la omnipresencia de Dios: no existe lugar alguno al que podamos ir donde el Señor no esté presente (Salmo 139).

Esto también es motivo de gratitud. Dios conoce mi vida y sabe qué necesito en este día. También sabe qué necesitas tú.

Por medio de Jesucristo hemos sido hechos hijos de Dios, gracias al sacrificio que Cristo padeció en la cruz.

Pablo también habla de quienes fueron predestinados para ser adoptados (Efesios 1:5).

Dios lo sabe todo. Él sabe quiénes llegarán a los pies de Jesucristo y también conoce aquellos corazones que permanecen duros. Nadie de nosotros quiere que alguien se pierda, y el Señor tampoco quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

Por eso podemos descansar en Él: conoce nuestras necesidades.

Pero también debemos examinarnos, porque si le hemos fallado, Él también lo sabe. Podemos presentarnos delante del Señor y reconocer lo que ha sucedido en nuestra vida y en nuestro corazón.

Pablo continúa diciendo que quienes han creído han sido sellados en Cristo por el Espíritu Santo, quien es garantía de nuestra herencia para alabanza de su gloria (Efesios 1:13-14).

Si hemos reconocido a Cristo como Señor y Salvador, hemos sido sellados con el Espíritu Santo. Le pertenecemos a Él. Somos sus hijos y podemos decir que Dios es nuestro Padre por medio de Jesucristo.

Andar como es digno de nuestro llamado

Considerando todo esto, Pablo llama a cada creyente a vivir de acuerdo con Aquel que lo ha llamado.

Este llamado fue dirigido a la iglesia de Éfeso, pero también se aplica a nosotros, que hemos sido salvados a través de Jesucristo.

Nuestra vida diaria debe reflejar a Aquel que nos llamó.

Efesios 4:1 contiene este ruego de Pablo: andar como es digno de la vocación con la que fuimos llamados.

Debemos vivir como aquellos que han sido llamados a ser santos, a permanecer bajo la presencia del Señor, a buscarlo cada día y a parecernos cada vez más a Él.

Nuestro deseo debe ser andar como Él anduvo, vivir como Él vivió y obedecer al Padre y su Palabra.

También se nos recuerda que no podemos afirmar que tenemos comunión con Él mientras nuestra manera de vivir demuestra lo contrario (1 Juan 1:6).

Debe existir coherencia entre lo que decimos creer y nuestra manera de vivir.

Ser llenos del Espíritu

Llegamos entonces a Efesios 5:18.

Pablo establece un contraste entre estar bajo los efectos del vino y ser llenos del Espíritu.

Una persona que está bajo los efectos del alcohol pierde dominio propio. No controla correctamente sus actos y queda bajo una influencia que afecta su comportamiento.

Pablo utiliza este contraste para decir:

Sed llenos del Espíritu.

Pero también debemos comprender lo que esto no significa.

Ser lleno del Espíritu no significa simplemente tener una experiencia mística.

No es únicamente una manifestación milagrosa.

No consiste simplemente en una expresión emocional o en entusiasmo.

Tampoco significa hablar en lenguas de vez en cuando, ni significa que alguien que no habla en lenguas no pueda ser lleno del Espíritu.

Entonces, ¿qué significa?

En el contexto presentado por Pablo, ser llenos del Espíritu significa ser controlados por Él.

Significa permitir que el Espíritu Santo guíe nuestra vida y nuestro andar bajo su gracia y su poder.

Necesitamos reconocer nuestra dependencia del Espíritu Santo.

Y esto no debe suceder solamente una vez.

Debe ser continuo.

Debe ser constante.

Debe repetirse cada día.

Hoy podemos pedir:

Señor, quiero ser controlado por tu Espíritu Santo para que tú me guíes a cumplir y obedecer tu Palabra.

Y mañana nuevamente necesitamos depender del Señor.

John Piper señala que el creyente debe buscar ser controlado y moldeado de forma constante, viviendo en una dependencia profunda y diaria de Dios.

Nuestra naturaleza humana siempre querrá llevarnos a hacer lo malo, apartarnos de la voluntad de Dios y obedecer nuestras propias pasiones.

Por eso necesitamos constantemente ser guiados por el Espíritu.

No podemos decir que somos creyentes y cristianos si nuestros actos están demostrando constantemente algo distinto.

Debe existir una relación entre lo que confesamos como creyentes y nuestra forma de vivir diariamente.

Ser llenos del Espíritu produce adoración

Después de ordenar que seamos llenos del Espíritu, Pablo muestra algunas de las consecuencias que esto produce en el creyente (Efesios 5:19).

Cuando somos guiados por el Espíritu y estamos en comunión con Él, somos llevados a alabar y glorificar el nombre del Señor.

Muchos salmos nos llaman a glorificarlo, darle honra y reconocer quién es Él y lo que ha hecho (Salmo 51:11; Salmo 33:1-3).

Cuando el Espíritu nos guía, somos impulsados a glorificar a Dios Padre.

Nuestra adoración debe nacer de lo profundo de nuestro corazón.

Cuando somos guiados por el Espíritu, la vida cristiana no se transforma en un peso ni en una carga.

No vivimos pensando:

“Es domingo y tengo que levantarme temprano para ir a la iglesia”.

Cuando el Espíritu Santo nos guía, congregarnos se transforma en motivo de alegría.

Cantamos al Señor desde nuestro corazón porque reconocemos al Dios maravilloso que adoramos.

Él nos conoce.

Por eso es digno de toda nuestra adoración.

Existe una adoración que nace en lo profundo del corazón. Incluso podemos estar sin abrir nuestra boca y, dentro de nuestro corazón, estar dando honra y gloria a Dios.

Dios conoce esa adoración porque conoce completamente nuestra vida.

Una vida llena del Espíritu también da gracias

Pablo continúa diciendo que debemos dar siempre gracias por todo a Dios Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo (Efesios 5:20).

Un agradecimiento constante al Señor demuestra una vida controlada por el Espíritu.

No se trata solamente de agradecer cuando recibimos una respuesta que esperábamos.

Podemos agradecer porque Dios respondió nuestra oración, porque hizo algo especial durante la semana, porque obró en nuestra familia, en nuestro trabajo o personalmente.

Pero debemos aprender también a agradecer en medio de situaciones difíciles.

¿Por qué?

Porque reconocemos que todo está bajo el control de Dios.

Él tiene el control de nuestra vida.

Pablo y Silas: adoración en medio de la aflicción

Podemos recordar lo ocurrido con Pablo y Silas en Hechos 16.

Fueron azotados y posteriormente enviados a la cárcel. Los colocaron en el calabozo interior y sujetaron sus pies.

Era una situación verdaderamente adversa.

Humanamente podrían haber pensado que tenían razones suficientes para reclamar contra Dios.

Sin embargo, a medianoche estaban orando y cantando himnos a Dios, mientras los demás presos los escuchaban (Hechos 16:23-25).

Cuando alguien es controlado por el Espíritu Santo, estas cosas comienzan a reflejarse en su vida.

Por eso Pablo dice que demos gracias al Señor en todo.

No solamente por las cosas buenas.

Lo hacemos porque reconocemos su señorío, su poder y su majestad.

Ser llenos del Espíritu transforma nuestras relaciones

La llenura del Espíritu también se refleja en nuestras relaciones humanas.

Pablo continúa diciendo:

Someteos unos a otros en el temor de Dios (Efesios 5:21).

Después comienza a hablar de relaciones concretas.

Habla del matrimonio.

Habla de la relación entre esposo y esposa.

Habla posteriormente de la relación entre padres e hijos.

También aborda relaciones relacionadas con quienes ejercen autoridad y quienes sirven.

Cuando somos llenos del Espíritu, nuestras relaciones con otros creyentes y también con quienes todavía no conocen a Cristo deben reflejarlo.

Por eso Pablo dice que seamos llenos del Espíritu.

El Espíritu debe controlar nuestro andar diario y nuestro caminar.

No necesitamos decirle a los demás:

“Estoy lleno del Espíritu”.

Nuestros hechos y nuestros actos deben demostrarlo.

Llenos del Espíritu y llenos de la Palabra

Existe un pasaje muy similar en Colosenses 3:16.

Allí Pablo enseña que la Palabra de Cristo debe morar en abundancia en nosotros.

Encontramos nuevamente enseñanza, exhortación, salmos, himnos, cánticos espirituales y adoración al Señor.

Podemos decir entonces que ese pasaje enfatiza estar llenos de la Palabra.

Cuando la Palabra de Cristo mora abundantemente en nuestra vida, se producen resultados semejantes a los que Pablo presenta en Efesios.

Recordábamos también que un discípulo debe identificarse, copiar y asemejarse a su Maestro.

Jesús tenía prioridades.

Entre ellas estaban la Palabra, la oración y llevar el mensaje hacia quienes no lo conocían.

La Palabra y el Espíritu deben permanecer unidos en nuestra vida.

Si la Palabra está en nosotros, el Espíritu Santo nos recordará la enseñanza bíblica.

Cuando atravesamos una aflicción, el Espíritu puede traer la Palabra a nuestra mente y corazón, alentándonos y fortaleciéndonos.

Colosenses pone énfasis en estar llenos de la Palabra.

Efesios pone énfasis en estar llenos del Espíritu.

Ambas cosas deben estar unidas en nuestra vida.

¿Qué está guiando nuestra vida?

Al celebrar un nuevo aniversario como iglesia, deseamos que hasta que el Señor venga muchas otras personas también puedan llegar y ocupar los lugares que todavía están disponibles.

Si somos llenos y guiados por el Espíritu, otros podrán ver algo diferente en nosotros.

Quizás incluso antes de que podamos compartirles directamente la Palabra, alguien verá nuestro testimonio.

Entonces debemos hacernos una pregunta:

¿Qué está guiando nuestra vida ahora como hijos e hijas de Dios por medio de Jesucristo?

¿Qué está demostrando nuestra vida diaria?

¿Qué estamos reflejando cada día?

Debemos examinarnos.

¿Estoy reflejando a Cristo en mi vida?

¿Estoy siendo guiado por el Espíritu?

¿Se ve en mi vida una disposición a alabar al Señor?

¿Cuando estoy en aflicción continúo dando gracias a Dios por lo que está sucediendo?

Que el Señor siga obrando en nuestra vida.

Que podamos seguir creciendo.

Que podamos ser llenos del Espíritu en nuestros corazones y decir:

Señor, tú guíame desde hoy en adelante.

Si no hemos permitido plenamente que el Espíritu nos dirija, podemos pedirle al Señor que obre en nosotros.

El evangelio se vive hoy

A veces pensamos en la vida eterna como aquel lugar donde finalmente no habrá tristeza ni dolor, donde Dios mismo consolará a los suyos y ya no habrá muerte (Apocalipsis 21-22).

Y podemos comenzar a pensar que allá viviremos plenamente el evangelio.

Pero el evangelio tenemos que vivirlo hoy.

Hoy.

Tenemos que vivirlo con alegría porque somos hijos de Dios por medio del sacrificio de Jesucristo.

Nos congregamos para alegrarnos, fortalecernos y animarnos unos a otros.

El evangelio no es una carga colocada sobre nuestros hombros.

El Señor nos ha dado las herramientas que encontramos en su Palabra y nos ha dado su Espíritu para vivir hoy el evangelio.

Sí, con dificultades.

Sí, con necesidades.

Pero no estás luchando solo ni sola.

Dios está con nosotros por medio de su Espíritu Santo.

Un nuevo comienzo

Podemos decirle al Señor:

Señor, permite que tu Espíritu me guíe. Permite que pueda honrarte siempre y darte gracias en todas las cosas.

Dios conoce tu vida y puede hacerlo.

Este aniversario también puede ser una ocasión para recomenzar.

Como iglesia comenzamos un nuevo año, y también nosotros podemos decir:

Señor, quiero comenzar nuevamente a vivir este evangelio y esta vida en Cristo, no como una carga, sino como un deleite, porque somos tus hijos.

Debemos preguntarnos qué ha estado controlando nuestra vida durante este último tiempo.

Siempre existirá una lucha entre el Espíritu y la carne.

La carne nos llevará hacia la desobediencia a Dios.

Pero el Espíritu quiere llevarnos a someternos al Señor por medio de su Palabra.

Podemos decir:

Señor, quiero un nuevo comienzo en mi vida. Quizás no he permitido que tu Espíritu Santo me dirija y me guíe. Quiero comenzar nuevamente. Quiero vivir cada día en tu presencia, reconociendo que tú eres Dios, disfrutando lo que me das y adorándote incluso en la aflicción, porque seguirás siendo Dios por sobre todas las cosas.

Necesitamos de Dios.

También nos necesitamos unos a otros.

Cuando nos reunimos como iglesia podemos vivir aquella comunión, adorando al Señor con todo nuestro corazón, con salmos, himnos y cánticos espirituales.

Podemos mirar a nuestro hermano y a nuestra hermana y reconocer que los necesitamos para seguir adelante.

Este es el llamado: depender del Señor, someternos unos a otros y permitir que nuestros hechos hablen.

Que podamos comenzar nuevamente y ser llenos del Espíritu, viviendo cada día bajo su dirección.

Visita nuestro sitio web para más información Iglesia Asamblea de Dios Las Condes y nuestro última prédica “Es Dios la prioridad en tu vida”?

Autor

  • Nelson Irarrázaval

    Pastor Iglesia Asamblea de Dios Mallarauco

    Nelson es chileno y casado. Realizó estudios teológicos en Viña del Mar, formándose en el Instituto Bíblico de Viña del Mar en el año 1986. En 1994 fue apartado como colaborador, y posteriormente, en 1996, fue apartado como pastor en Mallarauco.